El número 53 de la Regla de Vida sss recuerda que el noviciado se inspira en la catequesis del bautismo y la continúa. Ahora bien, toda catequesis sitúa a Dios en el centro de las preocupaciones. Y es muy evidente que Dios se deja encontrar en cada experiencia que expresa bondad y amor. Estas cualidades se viven generosamente a través de la relación que va del hombre a sí mismo, a las demás criaturas y a Dios. Queremos trazar aquí las pistas orientativas que nuestra lectura ferviente nos ha hecho descubrir en este contenido lleno de riquezas; esto en relación con el día a día del noviciado interafricano, siguiendo los tres ejes de la vida religiosa sss.
1. La oración de acción de gracias con la creación
En los Hechos de los Apóstoles se puede leer cómo los discípulos, reunidos en el Cenáculo, contemplaban ociosamente el cielo, ya desprovisto del Maestro, pues este se había ido al paraíso (Hch 1,9-12). En efecto, la creación encierra lo propio del Creador. ¿Acaso los cantos de los pájaros y los mamíferos… al amanecer y al unísono, no nos recuerdan hasta qué punto estos seres vivos están en acción de gracias? Y san Pedro Julián Eymard exhortaba, en una de sus cartas, a “mantener el alma en acción de gracias, pues es el ejercicio más agradable”. Es más, la oración sss está necesariamente ligada a la creación. El número treinta y seis de Laudato Si’ propone “la Eucaristía como un acto de amor cósmico”, siendo ella misma fruto de la producción de la tierra. El P. John Keenan sss no duda en escribir al respecto: “La Eucaristía está profundamente conectada con la ecología a través de sus raíces en la creación, su simbolismo cósmico”. Es la ofrenda de la tierra a la humanidad y a Dios. Por ello, durante nuestras adoraciones silenciosas, nuestros retiros anuales, nuestros encuentros mensuales, nuestras sesiones, nuestra participación en el sacramento de la reconciliación y nuestras lecturas espirituales diarias, percibimos la alegría de la naturaleza que se une a nosotros en la oración. Así, se nos permite entrar en nuestro interior para descubrir allí la inconmensurabilidad del Creador.
2. Al servicio de nuestros hermanos, hermanas y de la naturaleza
A partir del segundo capítulo de los Hechos de los Apóstoles, se abre la puerta del Cenáculo. Esto viene precedido por la recepción del Espíritu Santo. A partir de entonces, los corazones, que antes andaban a tientas, se ven impulsados por una fuerza totalmente nueva. San Pedro Julián Eymard comentaba este acontecimiento con estas palabras: “Es el amor de Jesús lo que impulsa a los apóstoles a salir a evangelizar a todas las naciones, en medio de todos los peligros y sacrificios del apostolado” (RA 18,5; OC VIII, 472). En varias ocasiones en la Biblia, el Espíritu Santo se identifica con una de las formas de la naturaleza. Él mismo es una fuerza que cohabita con la creación. Destruir la tierra es atreverse a destruir al Espíritu Santo. Como religiosos sacramentinos, nuestra búsqueda cotidiana, que parte del cenáculo, nos envía a responder a la urgente exigencia de saciar las hambres a las que se enfrenta nuestro mundo: hambre de injusticia, de mentira, de toda forma de violencia, robo, matanzas… porque todos estos males dañan a la creación hasta la raíz de su alma. La iniciación a la vida de servicio nos prepara para domesticar la tierra, nuestro lugar de peregrinación, y garantizarle protección. Aprender a convivir realmente con la naturaleza es aprender a elevar la conciencia hasta el amor. Los autores de Ensemble/Together ponían así de relieve el equilibrio y la armonía que deben existir entre la relación de la vida individual, la de la naturaleza y la promoción de los valores en la sociedad. De este modo, nuestra vida en el noviciado, a través de nuestras múltiples tareas (ganadería, agricultura, floricultura…), pone de relieve este aspecto de la entrega de uno mismo a través del servicio.
3. Queremos ser hermanos y hermanas para todos los seres creados
Partimos de la convicción de que toda acción cristiana tiene como objetivo hacer de cada persona un hermano, sin distinción de raza, cultura, lengua, y mucho menos de nacionalidad o religión. Somos, por tanto, hermanos tanto de nuestros semejantes en la humanidad como de toda la creación, del mundo. Por esta buena razón, el noviciado interafricano valora la diversidad cultural y la internacionalidad. Procedemos de siete países de África: Senegal, Congo-Brazzaville y Kinshasa, Mozambique, Uganda, Camerún y, por último, Guinea-Bissau. Es en nombre de esta fraternidad con el resto de la creación que estamos unidos y, gracias a nuestro sentido de pertenencia, concebimos el noviciado como un bien común del que cada generación puede beneficiarse. De hecho, la solidaridad con la creación es una forma de reconocer los dolores, las heridas y la miseria que sufre: la contaminación por las emisiones de dióxido de carbono generadas por las industrias, la producción excesiva de humo, el vertido de residuos químicos tóxicos, al espacio y, más a menudo, en vastas extensiones de agua; la gestión anárquica de los residuos, la explotación abusiva y exagerada del subsuelo. También conocemos los efectos del cambio climático, cuyas consecuencias siguen minando el planeta. En definitiva, Ensemble/Together nos invita a una conversión del corazón. Porque la creación nunca estará en paz si la propia humanidad se corrompe.
Padre César Da Cruz, SSS
Noviciado interafricano ‘le Cénacle’
Provincia Ns. Señora de África, Senegal